La tarde para el Atlético tenía doble sentido. Por un lado, ofrecer a Godín una despedida a la altura de lo que ha significado y significará para la historia del club, por otro la concreción del segundo puesto. El empate y los fastos concretaron esos dos objetivos. Las muestras de agradecimiento al uruguayo se iniciaron desde la llegad del autobús del equipo. Los cientos de aficionados que se agolpaban sobre las barandillas que guardan el paso del vehículo hacia las entrañas del estadio le dedicaron el agudo “u-ru-gua-yo, u-ru-guayo”. Camino de los vestuarios, se descubrió que Griezmann llevaba la camiseta de su compadre y padrino de su hija. Pocos sienten más la marcha del central que el francés. En el ambiente está que este es uno de los motivos que propulsen su posible fuga al Barcelona. “Un gol en la memoria, un Faráon para la historia”, rezaba una pancarta desplegada en el fondo sur desde donde también se cantaba “Diego, eres Atléti”. El clásico posado del once de Simeone fue muy significativo. Griezmann, Juanfran y Filipe, los tres con el futuro en el alero, se retrataron con sus niños. El padrino Godín no pudo evitar una carantoña a su ahijada.
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