Nunca es fácil jugar en casa. Si no, que se lo pregunten a los ingleses que aguardaron durante años para que un británico ganara en Wimbledon. Ni hablar de la selección de fútbol de Brasil, que cada vez que se disputa un Mundial en su tierra sufre una humillación, a cada cual peor. La ganadora de tres Champions, un oro olímpico y una Eurocopa, además de más de 10 distinciones individuales, Dzsenifer Marozsán (27 años) regresa este sábado a Budapest. Y está con ganas. En el césped, la Liga de Campeones; en las gradas, la familia. “Será un momento muy especial. Nací en Budapest, pero es la primera vez en mi vida que toda mi familia podrá estar en el campo”, le explica a EL PAÍS, la 10 del Olympique de Lyon, capitana de la selección alemana. “También”, añade; “es importante la afición de Hungría. Durante toda mi carrera ha sido muy bonito saber cómo me respetaron y valoraron”.
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