Muchos sevillanos comenzarán el éxodo a las playas de Huelva y Cádiz a partir de este viernes a mediodía. Una tradicional costumbre desde finales de mayo de la población hispalense a medida que el calor se abate sobre la capital de Andalucía. Un éxodo será sustituido por otro, el de los miles de aficionados del Barcelona y del Valencia que comienzan a llegar a Sevilla para la final de la Copa. Un acontecimiento que no se da en la ciudad andaluza desde 2001, cuando el Zaragoza le ganó la Copa al Celta (3-1) en el estadio de La Cartuja, que acogió también en 1999 la final entre el Atlético de Madrid y el Valencia, ganado por los valencianistas (3-0). Ahora le toca por primera vez al remozado Benito Villamarín, estadio del Betis, que peleó por tener la final en su campo y su primer equipo aceptó el reto, hasta el punto de llegar a semifinales ante el Valencia y ser eliminado. El estadio bético, con capacidad para 60.721 espectadores, ha sido renovado totalmente en casi toda su totalidad en los tres últimos años. Las banderas de España, Andalucía, Cataluña, Valencia y Sevilla, así como la de los dos finalistas, ondean en lo más alto de la triubuna de fondo del coliseo bético.
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