Hace ya unos años que circula por el paddock una leyenda (no urbana) sobre Maverick Viñales. Cuentan aquellos que pasan sus fines de semana de carrera en carrera, bien por obligación bien por devoción, que cuando no eran más que unos niños y Marc Márquez dejaba alucinados a quienes asistían a las competiciones de velocidad por los circuitos de Cataluña, había un chaval, solo uno, capaz de ganar, de vez en cuando y con la autoridad suficiente, al menudo piloto de Cervera. Era Viñales, dos años menor que aquel.
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