Tenía, por definición, el Baskonia todos los sortilegios en su contra: porque era el anfitrión, ya que solo dos han conquistado el título; porque el Iberostar le había comido la moral, ya que Txus Vidorreta llevaba un 4-0 contra el Baskonia; porque el equipo canario es el segundo de la Liga, y porque el Baskonia está irregular como una piedra Pómez, lejos de aquellas piedras planas de los ríos que le permitían hacer ondas en los partidos, y jugar con el partido como se juega con el agua. Por eso el sortilegio era una amenaza.
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