Ojos llorosos, respiraciones entrecortadas, venas hinchadas y gritos apasionados para dar voz y sentimiento a los compases del himno. Espectáculo y emoción que erizaba el bello y que expresaba el orgullo de un país, de Panamá, también pasión malinterpretada por los jugadores cuando el balón echó a rodar porque esa fórmula, la del físico y el choque, la de la velocidad y el músculo, es la vieja receta inglesa madurada con el paso de los años y torneos. Por lo que apenas hubo partido, sentenciado en un santiamén por el arrebato inglés, además de por su eficaz laboratorio y festejada puntería. Una paliza de campeonato porque, entre otras cosas, Kane marca casi sin querer.
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