El Calderón siempre tuvo cierta nostalgia de Fernando Torres. Cuando se fue y cuando regresó. La hinchada aún se enfervoriza con cada acción dañina del nueve y torna hacia la melancolía cuando le ve trastabillarse con el balón. El partido de Torres ante el Betis metió a jugador y afición en el túnel del tiempo. El Niño fue ese querubín que tiró del equipo en el peor momento, cuando el Atlético no encontraba el juego y se veía manoseado por el ritmo de juego que imponía Vadillo. Una vaselina tras un desmarque de libro y una cabalgada por la derecha de Torres que culminó Griezmann, previa cantada de Adán, rompieron al Betis. Se deshizo el equipo andaluz tras esos dos golpes casi consecutivos pasada la media hora de juego. Se pudo llevar media docena de goles el conjunto verdiblanco si Adán no se hubiera rehecho de ese fallo garrafal. De alguna manera, fue el jugador más brillante y más negativo para los suyos.
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