“Lo más fácil hubiese sido mandarlo todo a paseo, levantar bandera blanca y dejarlo. Y hubo un momento en el que pensé hacerlo... Pero soy muy cabezón como para tirar la toalla. Siempre peleo y me pico muy fácil”, cuenta Carlos Arévalo en el césped al lado de los hangares de los equipos en el canal olímpico. Son las 18:30 del jueves en Szeged, los empleados ya van recogiendo las tumbonas de las zonas de los deportistas. Está a punto de atardecer y Arévalo acaba de terminar la serie del K4-500. Tiene hambre y le queda todavía la sesión con el fisio antes de poder cenar. Está radiante.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2Mz3zxS
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire