Cuchicheó con Messi en el túnel de vestuarios al tiempo que atronaban por los altavoces del estadio las notas de Kortatu, grupo que no pasa de moda en el País Vasco desde hace dos décadas. Tras eso, Luis Suárez pisó el césped, trató en vano de secarse el pelo frente a la torrencial lluvia que cubría San Sebastián y puso el balón en juego desde el círculo central. Una hora más tarde, el charrúa, que nunca había logrado marcar en Anoeta, festejó por partida doble y validó la vuelta liguera invicta del Barcelona —es el único equipo de las grandes ligas que todavía no ha perdido porque el City de Guardiola cayó frente al Liverpool de Klopp (4-3)— y, de paso, darle la espalda a la historia. “Por suerte, se terminó la racha negativa en este estadio”, resolvió el delantero; “así que estoy contento por ganar en un campo difícil”.
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