Tres décadas después de su vigorosa aparición en el baloncesto español, Audie Norris es un gigante de gesto entrañable, porte encorvado y andares achacosos. A sus 58 años, el pívot más carismático del Barça de finales de los 80 sobrelleva con filosofía el desgaste de su cuerpo para cumplir con una agenda desbordante. Tiene un campus de formación en Hospitalet y una escuela de basket en Salou, entrena a un grupo de 60 chinos cada verano, es asesor de una agencia de representación de jugadores y ejerce de embajador de la Copa Colegial. “Ahora trabajo con los hijos de muchos de mis fans. Hago tantas cosas porque estoy buscando mi hueco en este mundo”, dice antes de repasar su álbum de recuerdos.
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