Malos tiempos corren para los organizadores de carreras ciclistas, un deporte antiguo atrapado por fin por la modernidad. A Javier Guillén, el director de la Vuelta le gustaría que estos días sus mayores preocupaciones fueran la confirmación de una buena participación, la tristeza por la ausencia de Alejandro Valverde y la esperanza de que un Alberto Contador en forma le llegue con ganas desde el Tour. Sin embargo, tiene que responder a las demandas de la sociedad, cada vez en guardia contra las modas y comportamientos sexistas y machistas. Y en un deporte tan macho como el ciclismo, estos son muchos y arraigados.
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