Tingting y Wenwen fueron adiestradas para triunfar en los Juegos Olímpicos de 2008. Las hermanas Jian eran gemelas, físicamente idénticas, pensaban del mismo modo y poseían un extraordinario don del ritmo y la coordinación. Son chinas. En 2005 el Gobierno las seleccionó para formar el dúo de natación sincronizada nacional como parte del programa para exhibir ante el mundo el poderío de la más próspera de las naciones emergentes. Pero el día de la gran cita olímpica de Pekín hubo un error. Su entrenadora no calculó bien y la coreografía se prolongó más allá del margen de 30 segundos de exceso permitido. Los jueces de la final las penalizaron restándoles un punto. Quedaron cuartas. El sistema las olvidó o las marginó. Se casaron y tuvieron hijos. Nueve años más tarde han vuelto a representar a China en el dúo. El resultado, la plata en la final técnica de los Mundiales de Budapest, donde obtuvieron 94.000 puntos frente a los 95.000 de Rusia, supone una revelación. Desde los Juegos de Pekín las rusas nunca estuvieron más amenazadas.
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