Zinedine Zidane decidió el pasado martes dar un giro a radical a su discurso. Después del pinchazo en Vigo y de más de media hora de charla con sus jugadores, entendió que la situación del equipo requería una conferencia diferente. Abandonó la sonrisa de su rostro y por primera vez sacó la bravura. Fue el Zidane con más fuerza que se haya visto desde que llegó al Madrid en 2001 como jugador. Y fue una excepción. Tanto en el pospartido de Copa ante el Numancia como este viernes, el técnico recuperó la templanza y evitó la confrontación. Cuestionado por las críticas y el nerviosismo de los suyos, desvió el tiro: "No tenemos que mirar lo que dicen de nosotros. Todo lo que se dice del Madrid es negativo. Yo no lo veo así. La situación es la que es y tenemos que sacar lo positivo, que estamos vivos en todas las competiciones. No estamos tan mal como se dice", aseguró el entrenador.
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