El sorteo de los cuartos de final de la Copa del Rey despejó el camino al Madrid y al Barça. En un bombo con ocho equipos que incluía las bolas de los cinco primeros clasificados en la Liga, los grandes se evitaron entre sí, profundizando el carácter previsible de este torneo. A cambio de asegurar las audiencias mayoritarias, el formato penaliza a los clubes pequeños y a los aficionados que buscan emoción.
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