lundi 14 mars 2016

“Si cambian la Torre Eiffel por mi estatua me quedo”

El París Saint-Germain se coronó el pasado domingo campeón en un ambiente raro, entre el sentimiento de poderío absoluto en la Liga francesa y la sensación venidera, casi agobiante, del final de un ciclo triunfal irrepetible. Cuando la mayoría de los jugadores celebraban en los vestuarios, eufóricos y con botellas de champán en las manos, el cuarto título liguero conseguido en cuatro años, el más precoz de toda la historia del fútbol francés (ocho jornadas antes del final), el presidente catarí del club parisino, Nasser Al-Khelaïfi, se multiplicaba ante las cámaras de televisión para sofocar un incendio mediático que había iniciado minutos antes la máxima figura del club, el gigante sueco Zlatan Ibrahimovic, la cara más visible del PSG en los últimos años, y autor de cuatro goles en el 0-9 ante el Troyes. Ibra insinuó en una entrevista que dejará de formar parte del conjunto parisino a final de temporada.

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