En Tunja, donde nació y vive Nairo Quintana, para tocar el cielo con las manos solo hace falta ponerse de pie y levantar los brazos, tan alto está. Y quien coja la carretera para Bucaramanga, tan lejana, y ascienda hacia el alto del Sote, verá a su izquierda nada más salir de una curva una casa que es un mural, Nairo, de rosa de pie sobre su bicicleta, Nairo de lunares, Nairo triunfador, la casa en la que Nairo Quintana pasó su infancia, con sus padres, Eloísa y Luis, con sus hermanos, Nelly, Willinton, Leidy y Dayer. Desde allí, a 3.200 metros sobre el nivel del mar, en el piso térmico frío casi páramo, para tocar el cielo no hay ni que ponerse de pie, incluso hay que agacharse por miedo de no darse con la cabeza, y en la radio de un camión de cromo que pasa veloz suena La cucharita de Jorge Velosa.
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