Unas lonas negras cubren por fuera parte de las gradas de Balaídos. Hay vallas, cintas rojas. Si uno pasa por delante del estadio del Celta a mediodía puede pensar perfectamente que está cerrado por obras. “Ufff, un par de años tardarán en arreglar la grada. Alguna que otra reforma más necesitaría el campo…”, dice un taxista del equipo vigués que espera terminar pronto su jornada laboral para llegar a tiempo al partido. En obras parece estar también el Madrid, desde hace meses.
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