Victoria: triple 6-1, en 1h 34m. Hasta aquí, así de breve, brevísima, la lectura fría y numérica en el regreso de Rafael Nadal a las pistas, sobre el tapete del Open de Australia. Hasta ahí la numérica, porque desgranar la faceta estadística podría resultar un ejercicio excesivamente pretencioso, aunque no se debe obviar que la tunda a Víctor Estrella Burgos se filtra entre las 10 más contundentes del español en un Grand Slam. Y luego viene la lectura sensorial, la interpretación de lo sucedido, del proceso en sí, y en este sentido, calor y frío; eso sí, ni mucho ni poco de los dos. Calor por el triunfo y el progreso, pero frío por la escasa sustancia de la tarde.
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