Venció, que al fin y al cabo es lo que cuenta en los arranques, pero la impresión que dejó Garbiñe Muguruza en su puesta de largo en Melbourne fue demasiado tibia. La número tres ganó (6-4 y 6-3, en 1h 24m), pero firmó un triunfo de mínimos, porque ni jugó bien ni consiguió despegarse prácticamente de una adversaria, la francesa Jessika Ponchet, que además de estar a años luz en el ranking (256) no había tenido hasta ahora la experiencia de competir en un Grand Slam.
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