Se supone que Javier Guillén se encuentra tan a gusto en un vestíbulo de hotel, en una estación de tren o en un aeropuerto que en el salón de su casa. Al menos, su trabajo le obliga, pasa tanto tiempo de trasiego por toda España como al menos en su oficina de Madrid. Tiene 46 años, es abogado y es el director de la Vuelta. Come y cena dos o tres días a la semana con alcaldes y presidentes de Diputación de media España. Negocia y construye. Hoy, sábado, presenta la Vuelta de 2018, pero en su cabeza, junto a la ilusión de enseñar sus novedades al mundo, como un modisto en un desfile, ya bullen los recorridos de 2019 y 2020. Y la preocupación por cuestiones muy negativas que no puede controlar pero que afectan a su marca, La Vuelta, que es su tesoro. “El salbutamol de Froome fue todo un palo para nosotros”, dice, recordando que el último ganador de su carrera dio positivo en un control en una etapa. “Solo deseo que se tome una decisión cuanto antes y que no esté el tema colgando todo el año”.
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