A veces el talento juega al escondite y en bastantes ocasiones permanece oculto sin que nadie lo descubra, ni siquiera su poseedor. Cuando tenía 22 años Iago Aspas (Moaña, 1987) era un meritorio que había jugado cuatro partidos con el Celta y opositaba a un puesto en el equipo. Hasta los 25 no debutó en Primera División, con 28 le quisieron teñir con la marca del fracaso, le dijeron que no era futbolista para pelear por grandes objetivos. La pasada temporada fue el máximo goleador nacional de la Liga, en la actual también lo es y solo le supera Messi en la pelea por el cetro absoluto. Lleva once goles, dos asistencias y es el delantero que más pases suma, detalle revelador sobre su propuesta. Y juega en el Celta, decimocuarto en la tabla. Maduro, líder, canchero, pleno de confianza ya en la treintena, es complicado no imaginarlo en el próximo Mundial.
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