En el momento dulce que vive, al Real Madrid le da igual jugar con Luka Doncic o sin él. Evidentemente es mejor tener en el campo al mejor baloncestista de Europa, pero el equipo de Laso ha alcanzado la velocidad de crucero y carbura con cualquier quinteto en cancha. Ayer ante el Khimki empezó enchufado desde el principio, sin Doncic, y siguió en la misma línea cuando el esloveno pisó el parquet.
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