El vestuario del Barcelona está como el metro. Abarrotado. Solo le falta el aviso: dejen salir antes de entrar. Animado en el mercado estival, activo como no lo estaba en años —llevaba siete sin fichar en enero— en el mercado de invierno, las cuentas empiezan a temblar. El problema no son solo los 312 millones de euros (392 con lo que se puede llegar a pagar en variables) que el club ha desembolsado esta temporada para reforzarse, especialmente tras la marcha de Neymar. Llegaron Dembélé (105 más 40 en variables), Paulinho (40), Semedo (30), Deulofeu (12) y Marlon (cinco); y ahora lo ha hecho Coutinho (120 más otros 40). A cambio de 222 millones, sí. Pero el cálculo arroja una diferencia de 170 millones.
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