Cuando Marcelo Bielsa (Rosario, 21 de julio de 1955) puso sus maletas en Lille, en el norte frío y nubloso de Francia, a las antípodas del calor y de la pasión desbordante por el fútbol que hay tanto en Marsella, su anterior equipo (2014-2015), como en Argentina, el país de su vida en el que llegó a ser el seleccionador (1998-2004), muchos se preguntaron sobre la compatibilidad de esta unión insólita, entre un entrenador conocido por su método de lenta maduración y de profundos cambios, y quizás el proyecto más especulativo del fútbol europeo del momento, basado en la reventa rápida de jugadores.
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