Messi parece un jugador vulgar con Argentina y en cambio Neymar es un futbolista excepcional con Brasil. Ambos defienden papeles opuestos en el Barça. Ocurre que la Albiceleste es una selección deprimida y fatalista, sin juego, sin suerte y sin técnico, una golosina para la optimista Canarhinha. Tite solo sabe ganar –ya van cinco victorias seguidas-, y Bauza va de derrota en derrota, incluso con Messi. A Argentina no la levanta ni Dios y su participación en el Mundial 2018 queda más comprometida que nunca después de ser goleada en Belo Horizonte.
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