El Baskonia vapuleó al Fenerbahce de manera insólita. 34 puntos de diferencia (86-52) es un resultado sorprendente entre dos equipos que la pasada campaña disputaron la Final Four (con ventaja para el conjunto turco. Pero lo cierto es que el único vestigio del Fenerbahce en el Buesa Arena fue su camiseta, lo único reconocible del colectivo que dirige Obradovic, harto de chillar a sus jugadores, a los árbitros, a la cúpula del pabellón, antes de sentarse a digerir el sapo de una derrota humillante. Del Baskonia quedó su genética, esa que que le hace ser un colectivo de guerreros que va alternando sus héroes, no sustituyéndolos, alternando sus posibilidades, mezclando sus cualidades. Entre el huevo y la gallina, el Baskonia propuso un corral en el que no falló nadie.
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