Subió el telón del O2, se abrió de par en par la puerta y la clásica erupción de humo que acompaña la salida de los tenistas a la pista dio la bienvenida a Novak Djokovic. “Lo hemos dicho varias veces, pero aquí los jugadores nos sentimos casi como estrellas del pop”, expresó el serbio después de su puesta de largo en la Copa de Maestros, resumida en un electrónico favorable (6-7, 6-0 y 6-2, en 2h 02m) y también algo engañoso, porque el joven Dominic Thiem le lanzó un serio aviso, a él y a los veteranos que todavía mandan en el circuito de la ATP: si alguno de ellos se despista, el relevo ya está aquí.
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