La espantada de Messi con la selección argentina tras la derrota en la final de la Copa América tuvo un efecto positivo: ya casi nadie se anima a decir que es un pecho frío. Al fin los argentinos han asumido que el problema no es su estrella, sino los que juegan con él, el entrenador, y sobre todo el fútbol argentino, que parece dispuesto a hundirse aún más cuando parecía que había tocado fondo. Messi, siempre comedido, que durante años evitó las declaraciones altisonantes, hasta convertirse en la antítesis de Maradona, con el que siempre le comparan sus compatriotas, estalló después de la humillante derrota con Brasil (3-0) que le complica su clasificación para el Mundial: "Tocamos fondo, y lo peor es que no sabemos a qué jugamos. Tenemos que salir de esta mierda, a esta altura tenemos que ganar como sea", clamó.
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