Fue una sesión de clasificación para valientes. Para esos pilotos que no les hacen ascos a las pistas mojadas, con charcos, a los días locos, esos en los que sale el sol y al minuto llueven chuzos de punta. Comenzó la pelea por la primera posición de la parrilla con un sol radiante. Menudo lujo. Había aparecido así de repente. Y aunque no calentaba demasiado, la de Phillip Island es una pista que se seca rápido, también por los fuertes vientos, que a menudo soplan en esta zona, cerca del mar de Tasmania. De modo que la lucha fue una mezcla de osadía y estrategia muy celebrada y espectacular. Y, como siempre que pasan estas cosas, el ganador fue Márquez, más ahora que ha quedado liberado de pensar en un campeonato que ya es suyo, que ya ha ganado.
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