Puede sonar a cancioncilla, a estribillo bien aprendido y al tono monótono de quien le da al play cuando habla, pero aquí, en Singapur, el tenis se mueve estos días en un escenario absolutamente imprevisible. ¿Certezas? Pocas, o más bien ninguna más allá de las que puedan brindar los números, siempre traicioneros, burlones. ¿Y opciones? Todas, porque el abanico está completamente abierto y cualquiera puede llevarse el premio de fin de temporada. O sea, el Masters. A él aspira de nuevo Garbiñe Muguruza, que ayer andaba feliz como unas castañuelas en el media day organizado por la WTA y que en su turno de palabra incidió en lo que habían dicho las otras competidoras. Es decir, que se mire por donde se mire, no hay favorita.
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