Son 15 años tiempo más que suficiente para subrayar el error, la sinrazón, la absurdez de la situación que vivieron las hermanas Williams en 2001, cuando ambas fueron abucheadas y recibieron sonidos simiescos por parte del público que aquella tarde presenciaba las semifinales de Indian Wells, en el desértico y californiano Valle de Coachella. Entonces, una lesión de la mayor (35 años) enojó a los aficionados, que entendieron que fingía y les privaba del espectáculo para favorecer a su hermana pequeña, que un día después, en la final contra la belga Kim Clijsters, también fue reprendida y herida sin mayor pretexto que su color de piel.
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