Hay jornadas, días de sol tibio, cuando no existe rival ni partido, ni por supuesto drama ni siquiera contencioso, tardes en que el hincha radical del Barça se echa la siesta, pone la tele y se abona al seient lliure, en que el público mira a Messi como si fuera Gaudi y el Camp Nou parece el Parc Güell. El estadio es un parque temático en que los espectadores no paran de sacar el móvil para tener un recuerdo del 10 y del Barça. Y Messi responde agradecido, como si el encuentro fuera importante y el contrario resultara muy serio, nada de relajarse, sino que se impone justificar el precio de la entrada, que anuncia un equipo de época, una delicia también para las familias culés y sus niños, igual de numerosos que los turistas en el ocioso Camp Nou.
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