De brazos cruzados, mirada al frente y hierático, reafirmando corporalmente la contundencia que pretendía expresar con su mensaje, Rafael Nadal quiso terminar con cualquier tipo de conjetura. El español, señalado la semana pasada por la exministra francesa de Sanidad y Deportes, Jocelyn Bachelot, disipó cualquier tipo de duda, si la había, para aquellos que especulaban con la actitud que adoptaría después de la acusación. Tras una noche intempestiva, en la que redujo con sufrimiento a Gilles Muller (6-2, 2-6 y 6-4, en dos horas y 11 minutos) y lidió con las ráfagas del viento noctámbulo que transitaba por el Valle de Coachella, en Indian Wells, el de Manacor dio un golpe verbal sobre la mesa. Nadal, dolido, anunció que dará un paso al frente e irá a los tribunales.
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