mercredi 9 mars 2016

Fuego a discreción en la sincronizada española

Se abrió la puerta de la sala de llegadas del aeropuerto de El Prat, ayer por la mañana, y salió Ana Tarrés como Winston Churchill, sonriente y haciendo la uve de la victoria. La entrenadora más condecorada de la historia de la natación española, despedida por la federación nacional en 2012 bajo un aluvión mediático de acusaciones de maltrato psicológico a sus nadadoras, regresó ayer de Río de Janeiro tras colocar a su nuevo equipo, Ucrania, al que entrena desde noviembre pasado, en la cúspide de la clasificación del preolímpico de los Juegos, en el cajón de las principales candidatas a competir por las medallas junto con Japón, China y la hegemónica Rusia. El éxito de Tarrés coincidió con el fracaso de España, su exequipo, doble plata olímpica en 2008 y 2012, que se quedó fuera de los próximos Juegos y que traza un nítido rumbo descendente precisamente desde que ella no lo dirige.

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