Cuando la Federación Internacional del Automóvil (FIA) aprobó el plan para modificar la normativa técnica del campeonato del mundo de Fórmula 1 con vistas a 2017, muchos se imaginaron a los pilotos de Red Bull frotándose las manos. La posibilidad de abrir los motores, algo limitado hasta ese momento, y la apuesta por enfatizar el papel de la aerodinámica de los coches jugaban en teoría a favor de la tropa del búfalo rojo, que dispone de Adrian Newey como máximo responsable de su departamento técnico. El británico, pieza clave en los cuatro dobletes consecutivos logrados entre 2010 y 2013, es probablemente el ingeniero más influyente de la F-1 moderna, y sin embargo, no parece haber encontrado la forma de sacarle partido a la coyuntura, algo que sí ha sabido hacer Ferrari.
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