En 2002, cuando aún no había cumplido 18 años, Rafa Cabrera terminó cuarto de un Open de España de golf que se celebró en su isla, Gran Canaria. Como el ganador fue un Sergio García al que aún se apodaba El Niño, hubo coincidencia al señalar que el futuro brillante del golf estaba asegurado. Seve, Olazábal o Jiménez podían retirarse tranquilos: la generación Sergio estaba en marcha.
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