“Today it’s easy for you, eh?”. Bromeaba Rafael Nadal con una de las traductoras del torneo, en la sala de prensa, después de apear en un santiamén al australiano Samuel Groth y aligerar así la labor de la señora, que apenas tuvo que teclear durante el turno de preguntas en inglés por lo liviano del partido. El cañonero australiano, un compendio de despropósitos técnicos y tácticos, endulzó el inicio del balear en Roland Garros, que solo una vez, en 2014, había asistido a una puesta de largo tan imponente del español. Entonces también solo cedió tres juegos, frente al estadounidense Robby Ginepri (6-0, 6-3 y 6-0), pero empleó 22 minutos más que en esta ocasión, resuelta con un triple 6-1 en solo 1h 20m.
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