La Vuelta al País Vasco se despidió con una etapa que reunió todas las esencias de las etapas de montaña. Tuvo drama, con la caída en el pelotón a os 4 kilómetros en la que se vio envuelto el líder, y ganador final de la Itzulia, Pimoz Roglic. En la meta lucía un vendaje fuerte en el muslo derecho, unos agujeros en el maillot por la espalda y una cojera solo comparable al miedo con el que pisaba sobre la hierba mientras se sujetaba con la mano la cadera derecha. Otra esencia tenía que ver con la acumulación de cuestas en poco espacio: ocho puertos en 122 kilómetros de carrera. A falta de puertos largos o muy duros, que no hay por estos lares, se sumaron puertos de tercera, segunda y primera, cortos pero algunos exigentes, como Elgeta, Izua y el final en Arrate que no dejaron vivir en paz a los ciclistas como si no hubiera paz para los malditos pasado el guion del cine al ciclismo.
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