En el terreno de juego, el Arsenal no convence. En el vestuario, Arsène Wenger sigue cuestionado. En la sala de trofeos, la FA Cup de la temporada pasada no disimula que la última Premier acumula polvo desde hace 13 años. Pero el foco de descontento estos días en el centenario club londinense apunta a lo más alto de los despachos del Emirates. El multimillonario estadounidense Stan Kroenke, accionista mayoritario del Arsenal, maniobra para hacerse con el control completo del club. Algo que la afición no ve, ni mucho menos, con buenos ojos.
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