Cuando un deporte se acostumbra a ganar, es difícil asimilar el fin de los días de gloria. La natación sincronizada española alcanzó su cénit en Pekín 2008, con las dos medallas de plata y el liderazgo de Gemma Mengual en el agua y de Anna Tarrés en la dirección. Hubo otro éxito con otra plata y un bronce en Londres 2012, pero la cuesta abajo era ya evidente, y la retirada de Mengual y la polémica destitución de Tarrés después de esos Juegos contribuyeron a acentuar el descenso.
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