Fue a la salida de un córner cuando el balón, huérfano tras el rechazo, se suspendió en el aire a la espera de tener continuidad. Y fue Hernán Pérez quien pidió la vez para engatillar un voleón de aúpa, un obús que se coló por la escuadra. Era el tanto definitivo, el del triunfo para un Espanyol que se lo ganó con creces porque del Rayo se supo bien poco, apenas algo de Bebé.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/21hNUio
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire