La fiesta futbolera puede brotar en cualquier escenario, pero allí por donde pasa el Celta es más fácil que haya guateque, partidos abiertos con giros y contragiros, sin que nadie tome las bridas. El equipo de Berizzo se ordena en el desorden y en esa idea siempre tiene un espacio para privilegiar a los talentosos. Si enfrente tiene la pareja de baile adecuada puede empezar el rocanrol. Celta y Espanyol depararon un bello espectáculo hasta que la expulsión de Fontàs con medio partido por jugar abrió una liza diferente, pero plena de matices. Firmaron tablas y siguen en la lucha por llegar a la séptima plaza.
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