Gaspar Rosety nació en Madrid, en 1958, pero siempre se sintió asturiano, de Gijón. Allí creció, empezó a ejercer de periodista y allí pensaba envejecer: “Pasear, leer, escribir y ver el mar, eso haré”, decía. Ayer, de madrugada, murió en Madrid a los 57 años. Le lloran amigos, su viuda Adela, tres hijas, la radio, que definió como “ritmo, talento y sabiduría” y el periodismo, “la ciencia de buscar la verdad y saber contarla”. Quería ser abogado hasta el día que murió su padre entrevistando al jugador Tati Valdés; heredó la grabadora y empezó a ejercer siguiendo las lecciones de su hermano Manuel, su reconocido maestro.
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