Cuando tenía seis años la compostelana Vero Boquete empezó a entrenar con un equipo de fútbol. No se le daba precisamente mal, pero era la única niña y en 1993 nadie con capacidad para manejar la normativa había caído en la cuenta de que aquello podía suceder. Los federativos se agarraron a la literalidad: la pequeña se ejercitaba durante la semana con sus compañeros y el fin de semana se quedaba en la banda porque no le permitían jugar. Veinticinco años después el campo de fútbol de su ciudad lleva su nombre. El estadio de San Lázaro, el mismo en el que juega el Compostela y en el que festejó en aquellos días su histórico ascenso a Primera, en el que se jugaron cuatro temporadas partidos de Primera División y se alumbró un memorable gol de Ronaldo, pasa a llamarse Estadio Municipal “Vero Boquete” de San Lázaro.
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