Lo que en teoría debía ser otra noche de disfrute, de seguir saboreando lo que supone competir en el torneo de los ocho elegidos, se tradujo en una hora desagradable para Pablo Carreño. El asturiano, que en su estreno en la Copa de Maestros había dejado una grata aparición, sufrió frente al búlgaro Dimitrov, que apretó y apretó, y no tuvo condescendencia alguna con el español, superado y desvencijado en una noche que seguramente tardará en olvidar. Se unió todo: que el búlgaro rozó la perfección y que a él se le hizo la pista enorme. En consecuencia, un doble 6-1 que hizo daño en el cierre de una temporada que, vista en perspectiva, ha sido de lo más positiva.
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