La historia se repite, una vez más, en bucle, normalizando algo que es extraordinario, pero que Rafael Nadal ha terminado transformando en un ejercicio rutinario cuando el calendario pasa páginas y se detiene en el trimestre de abril, mayo y junio: vencer, avasallar, progresar. La sublime conjunción del número uno y la tierra, ya sea la de Montecarlo, Barcelona, Madrid, Roma, París o Sebastopol, porque da lo mismo. Nadal, amo y señor de la arcilla, sigue a lo suyo por estas fechas y este miércoles de estreno en la Caja Mágica dibujó la última muesca en su revolver. La víctima, Gael Monfils, reducido por 6-3 y 6-1 (en 1h 13m).
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