Hacía tiempo que no se veía un Fernando Alonso tan relajado en el paddock del Mundial de Fórmula 1. Es como si el español ya se hubiera habituado a sobrellevar de alguna forma la frustración que arrastra desde que regresó a McLaren en 2015 y comenzó su mayor periodo de sequía, o incluso como si hubiera conseguido dejarla atrás. Sus incursiones en la resistencia y su nueva andadura en el Mundial de la Especialidad (WEC) de la mano de Toyota mantienen saciada su ansia de éxito, victorias y quién sabe si títulos.Y mientras tanto, su actual escudería trata de hacer lo imposible: convertir un monoplaza de media tabla en uno capaz de pelear con los más rápidos a base de una combinación de elementos que nadie sabe muy bien cuáles son.
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