Acostumbrado a las batallas, dentro y fuera del campo, de los Independiente-Racing de Avellaneda, Hugo Pérez, centrocampista del Sporting en la década de los 90, se llevaba las manos a la cabeza ante cada partido de rivalidad asturiana, cuando participaba en actos de confraternización alentados por los clubes. “Están locos, si hacemos esto allá nos matan las barras bravas”. Este sábado (18.00 horas), después de catorce años de abstinencia por la travesía del desierto del Oviedo por Tercera y Segunda B, vuelve el clásico del fútbol asturiano. Pese a ser considerado un partido de alto riesgo, la previa se ha desarrollado en un clima de normalidad y buenas intenciones, con la única excepción de la barra libre de las redes sociales.
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