Para Zinedine Zidane uno de los tragos más amargos por los que ha tenido que atravesar en su segunda llegada al Real Madrid ha sido enfrentarse continuamente a las mismas preguntas, que no por repetitivas han perdido valor con el paso de las semanas. En sus inicios en el banquillo blanco las ruedas de prensa empezaron siendo un juego en el que el francés siempre quedaba bien, tanto por su discurso, directo, personal, como por su simpatía innata. Sin embargo, la colección de malos resultados agrió ese carácter en muchos momentos, llevándole hasta la soberbia en algún instante puntual. Puede que por verse ya ante el final de ese túnel las tinieblas hayan desaparecido. En Valdebebas, en la última comparecencia antes del partido del domingo ante el Betis (12.00, beIN LaLiga), volvió el Zidane risueño. Y se agradeció.
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