Los rizos amarillos de Neymar, obra fantástica de un peluquero que forma parte integral de su estrategia mercantil planetaria, se fueron apelmazando con el vapor del Don y el marcaje abnegado de Valon Behrami, líder de la revuelta helvética en una noche de agobios inesperados para Brasil. Sufrió el equipo que venía de América precedido por los mejores auspicios. Lo frenó un puñado de indistintos muchachos de rojo, principalmente hijos de la inmigración balcánica. Gente con muy mala uva. Tipos implacables con el estilismo que no concedieron ni un centímetro hasta no lograr el empate ante una de las grandes favoritas del torneo.
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